«El camino para nuestros hijos»

Sin lugar a dudarlo los padres de familia esperamos que nuestros hijos lleguen a ser personas de bien, con criterio y convicciones firmes para saber elegir lo correcto y que les permita ser mejores personas. Asimismo, que lleguen a ser profesionales con principios morales y que no se dejen doblegar por las presiones sociales que puedan estar a la moda o sean tendencia y que pretendan ir contra la vida, la familia, la libertad y la propiedad privada.  

Por ello, es importante acompañar a cada uno de los hijos y con sus distintas particularidades, singularidades e individualidades. Se debe recordar que cada hijo es único e irrepetible (aunque sean gemelos) y por esta misma razón no deben estandarizarse las interacciones o dinámicas con cada uno de ellos. 

Annibale Carracci «La elección de Hércules» (1596)

Todos los hijos como, por ejemplo, los tiempos de comida, la asistencia a Santa Misa los domingos, el cuidado de la luz en casa, por mencionar algunas pueden ser las mismas para todos los hijos. Hay normas familiares que no pueden ser generales a nivel de carácter, las necesidades y dificultades de cada hijo ya que son muy puntuales en cada uno de ellos, así como la interacción que padre y madre deben tener, es decir: que, si se le dificulte alguna asignatura científica o humanística a un hijo, no significa que a los demás hijos les suceda lo mismo, o bien que tengan una situación muy personal y particular para tratarla en privado. 

He allí en donde los padres de familia debemos enseñar a cada hijo la manera cómo se deben afrontar los retos de cada día. Sir Ken Robinson destaca que “Debemos preparar a nuestros hijos para el camino y no prepararles el camino a nuestros hijos.” No siempre se podrá estar presente en la jornada de cada uno de nuestros hijos y para esto, debemos compartir, escuchar, interactuar con cada uno de ellos con el propósito de saber por dónde y cómo irlos orientando, corrigiendo, animando, etc. Pero, sobre todo, que aprendan a tener ese criterio y sentido común para actuar con prudencia, fortaleza y perseverancia.

Hoy hay tendencias que propician el poco esfuerzo, el sedentarismo, la interacción en un mundo digital hipersensible e hipersexualizado y que por eso se debe estar presente en las vidas de cada hijo para que aprendan a ser coherentes (estemos o no presentes físicamente). Los hijos necesitan aprender de sus errores, deben aprender a elegir con rectitud y sabiendo que lo que eligen les hará mejores personas. 

No es lo mismo pretender darles una vida con abundantes bienes materiales cuando se deja de lado la educación para adquirir hábitos operativos buenos; los buenos modales, el que aprendan a esforzarse, el que sepan recomenzar, que procuren una vida de piedad acorde a los principios morales de la familia y que van coherentemente con la profesión de fe que se vive. 

El camino es uno, y cada hijo debe saber elegir el que le permita ser genuinamente mejor persona y no elegir lo que en apariencia le haga sentir bien. Es importante que el padre aporte la seguridad, confianza, buen humor, fortaleza, reciedumbre, sinceridad, etc. y la madre contribuya inculcando la generosidad, el orden de las emociones y sentimientos, la salud, la higiene personal, la contemplación. Ambos pueden aportar todo lo anterior y mucho más ya que la educación de los hijos es tarea de ambos en un sano contexto familiar. 

Escrito por: Lic. Alejandro Cuéllar Cabrera | XXXVII Director General – Colegio San José de los Infantes | Profesor de Educación Católica Diversificado