Nuestra Fe
Dr. Cayetano Francos y Monroy
Fundador del Colegio San José de los Infantes
Nació en Villavicencio de los caballeros del Reino de León, de España. Comenzó sus estudios en Valladolid, finalizándolos con notable buen éxito en la famosa Universidad de Salamanca.
Desempeñó, al transcurrir los años, el rectorado del colegio San Salvador, en Oviedo; fue canónigo de Zamora y después en Palencia, y rector del Colegio Tridentino.
Carlos III lo propuso para la silla arzobispal de Guatemala, en 1777. Salió de Cádiz en 1779. Estuvo en Veracruz y luego en Oaxaca, donde lo consagró el Ilustrísimo señor Ortigosa.
El Ilustrísimo Cayetano Francosy Monroy era varón apuesto, lleno de dignidad, sabía atraer a las personas por su trato exquisito y bondadoso. Con tino admirable y gran Prudencia, logra calmar las pasiones entre el pueblo, que llegara a amar intensamente, concluyendo el antagonismo entre “terroristas” y “Traslacionistas”, y dio cantidades de dinero para la edificación del Colegio Tridentino (HOY INSTITUTO DE VARONES), para el templo y beaterio de Santa Rosa, para el templo de Capuchinas y en la construcción del Palacio Arzobispal. Inició los trabajos de empedrado en la parte central de la ciudad. Dotó con cuarenta mil pesos a las escuelas de San José de Calasanz y San Casiano.
En unión del presidente don Matías de Gálvez, puso en acto solemne la primera piedra de la Catedral. En el tesoro que él bendijo para colocarlos bajo la basílica, figuran seis medallas diferentes, entre las cuales una contiene el busto de el Arzobispo Cayetano Francosy Monroy. Realizó muchas obras de utilidad y caridad durante trece años que este preclaro varón, verdadero apóstol de la caridad llevó a cabo.
El 7 de agosto de 1789 Consagró el templo de San Miguel de Capuchinas. Además podemos decir que fue el FUNDADOR del glorioso COLEGIO “SAN JOSE DE LOS INFANTES” que tantas glorias le ha dado a GUATEMALA, firmando el acta de fundación el 10 de junio de 1781.
Sus restos descansan en el templo de San Miguel de Capuchinas.
Identidad y Valores Católicos
En el Colegio San José de los Infantes, la formación espiritual no es un complemento, sino el cimiento de nuestra labor educativa. Fieles a nuestra herencia como institución del Arzobispado, educamos a la luz del Evangelio, promoviendo el encuentro personal con Jesucristo y fortaleciendo las genuinas virtudes cristianas.
Creemos firmemente en una educación que transforma el corazón. Por ello, cultivamos en nuestros estudiantes la obediencia, la pureza, el amor al prójimo y el servicio desinteresado. Nuestra comunidad educativa camina guiada por el ejemplo vivo de nuestros santos patronos, quienes inspiran a las nuevas generaciones a ser agentes de cambio y promotores de paz, justicia y solidaridad en la sociedad guatemalteca.
San José
Patrono del Colegio y de la Iglesia Universal
Declarado “Patrono de la Iglesia Católica” por el Papa Pío IX en tiempos de gran adversidad, San José representa el modelo perfecto de obediencia, custodia y fidelidad a los mandatos de Dios. Como esposo de la Virgen María y padre putativo de Jesús, fue el legítimo cabeza y defensor de la Sagrada Familia de Nazaret.
El Papa León XIII y sus sucesores han exhortado al mundo a invocar su patrocinio celeste frente a los peligros que amenazan a la humanidad. En nuestro colegio, San José no solo es un protector, sino un maestro singular de vida. De él aprendemos la “religiosa escucha de la Palabra”, el servicio humilde y la entrega total, valores que buscamos sembrar en cada estudiante y padre de familia para colaborar fielmente en la obra de la salvación.
Santo Dominguito del Val
Acólito y Mártir (27 de octubre de 1250)
Nacido en Zaragoza, España, Santo Dominguito del Val se destacó desde muy temprana edad por su profunda piedad, su pureza de corazón y su hermosa voz, lo que le valió ser admitido como acólito y cantor de la catedral. Su vida diaria transcurría entre el servicio en el altar, el aprendizaje de cantos sagrados y el estudio en la escuela parroquial, mostrando siempre un profundo amor por Cristo.
En el año 1250, debido a su inquebrantable fe, fue capturado y martirizado. Al ser cuestionado, el valiente niño prefirió entregar su vida antes que renunciar a su amor por Jesucristo. Su historia, marcada por el hallazgo milagroso de la Santa Hostia que sus captores intentaron profanar, lo ha consagrado como un mártir de la pureza y la fe. Hoy, es un símbolo de valentía e integridad espiritual para todos los infantes y jóvenes de nuestro colegio.